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jueves 21 noviembre 2019
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Emprendimiento, liderazgo e innovación: el legado de Rafael Méndez

Por: Juan Guillermo Soto M.

Tenía 27 años cuando llegó a la Facultad de Economía de la Universidad Surcolombiana. Su arribo al Valle de las Tristezas sería por unos meses; sin embargo, se quedó durante 36 años. En el mes de Enero del presente año Rafael Méndez se jubiló. La evidencia de su legado se puede advertir en diversos escenarios: sus libros, los posgrados que fundó, el centro de emprendimiento que creó; pero sobre todo su legado, como semilla, está sembrado en la mente de quienes pasaron por sus clases, quizás ya, en algunos casos, floreciendo con ideas potencialmente transformadoras.

Tal vez una de las pruebas de que el conocimiento en las universidades sigue avanzando de manera aislada, encerrado en sus templos de poder (facultades, programas, posgrados), es que en la misma universidad un economista desconozca el legado de Antonio Iriarte Cadena; un médico, el legado de Hernando Puentes; un matemático, el legado de Carlos Bolívar Bonilla; un artista, el legado de Guillermo Martínez; y un comunicador, el legado de Rafael Méndez. Ese comunicador, era yo.

Por eso, antes de entrevistar al profesor Méndez, hablé con uno de sus colegas y mejores amigos en la Facultad de Economía: Elías Ramírez. Me contó que conoció a Rafael en Bogotá, en el año de 1983, en la Escuela Superior de Administración Pública, ESAP. “Fui a saludar a mis antiguos profesores de esa institución y me ofrecieron que dirigiera todos los sábados, con Rafael Méndez, un curso sobre Formulación y Evaluación de Proyectos. Al conocerlo, Rafael me contó que era Ingeniero Industrial de la Universidad Distrital. Le pregunté sobre el tema de su tesis de pregrado, entonces me narró que la había realizado en México, en una pasantía de seis meses, patrocinado por la UNAM y la Organización Latino Americana de Energía. Se titulaba: Estudio de factibilidad para la creación de una planta geotérmica piloto, en las inmediaciones del Nevado del Ruiz, tema de grado que sólo se le ocurre a un profesional quijotesco”, recordó el profesor Elías, quien logró traerse a Neiva al joven Rafael Méndez para que orientara un curso sobre Formulación y Evaluación de Proyectos, el cual estaba dirigido a los gerentes de las  empresas públicas y privadas del Huila. “Rafael se vino por tres meses y, para fortuna de nuestra casa de estudios, se quedó por 36 años”, agregó.

Finalmente me encontré con el profesor Méndez. Hablamos en torno a varios temas: su paso por la Universidad Surcolombiana, el contexto empresarial huilense y sus grietas, los libros que escribió, los posgrados que creó, los temas de emprendimiento e innovación (fue el creador del Centro de Emprendimiento e Innovación) los retos que afrontó y los que se vienen para la Universidad y la región en términos de desarrollo y sostenibilidad.

Cómo advirtió el panorama socioeconómico en el Huila cuando llegó

El Huila ha  cambiado, pero ha sido un cambio muy lento. Esta región, y el sur del país, se han caracterizado por tener un entorno en donde hay un limitado crecimiento económico, mucha informalidad, se ha trabajado poco el tema de cultura ciudadana; es una región que ha sido muy golpeada por la violencia, el desplazamiento, y por la debilidad en cuanto a la articulación institucional. Mi ejercicio académico ha estado en comunicación constante con ese entorno para ayudar a cambiarlo.

Cuál fue el primer reto que afrontó al llegar a la USCO

Recuerdo uno: haber llegado a ser el decano más joven en la historia de la Universidad. También cuando creamos el primer programa de posgrado propio, en la Usco: “Especialización y Gestión del Desarrollo Regional”. Eso fue un desafío. El objetivo era darle respuesta a la pregunta de cómo formar líderes que tuvieran un concepto de desarrollo, región y país, factores que aún siguen ausentes en nuestros líderes. El programa duró unos años. Desafortunadamente una administración lo terminó. Otro reto: la creación en la maestría en “Gerencia Integral de Proyectos”.  Vamos en tres promociones; ha sido muy exitosa y la idea es formar gente con visión gerencial de los proyectos, de tal forma que en el Huila se aprenda a gestionar más recursos para el beneficio de la sociedad. Uno más: ¿cómo incidir en las formas de pensar en los jóvenes en proceso de formación? Entonces creamos el Centro de Emprendimiento e Innovación, hace ya cuatro años.

Cómo nació este Centro de Emprendimiento

Identificamos las universidades del país que tenían Centros de Emprendimiento y los estudiamos. Luego desarrollamos un modelo propio, justo y a la medida, que hoy es un referente regional y nacional en torno a la asesoría y acompañamiento a jóvenes en estructuración de ideas que pueden terminar en proyectos universitarios de alto impacto. Es una unidad creada para toda la institución. Es transversal a ella. Aquí vienen chicos de ciencias de la salud, jurídicas, economía, ingeniería, educación. Cuando vienen con sus ideas, se les hace un acompañamiento para que la estructuren mejor y puedan presentarla a diferentes tipos de financiación. Pueden ser emprendimientos empresariales, sociales, culturales, deportivos, ambientales.

¿Puede darme un ejemplo de proyectos que se hayan gestado en este Centro?

Estamos al lado de un jardín vertical hecho por un egresado (ver foto). Hizo su tesis de grado en jardines verticales. Aquí se le hizo acompañamiento a su idea original, la cual fue mutando; se le orientó para que se capacitara en jardines verticales, potenció su idea, y hoy en día tiene una empresa dedicada exclusivamente a montar jardines verticales para el sector de construcción. Esta persona también estuvo asesorando a excombatientes en montaje de siembra de frutales y verduras y se volvió asesor en ese campo. Por otro lado, un grupo de estudiantes de Pitalito que está elaborando una plataforma para promover el turismo en el Huila. La empresa se llama Turiyio. El caso de una ingeniera que montó una empresa que comercializa pasifloras ya está dando el paso para convertirse en la primera exportadora de pasifloras del Huila.

¿Cree que los programas de esta facultad han logrado incidir en el contexto empresarial huilense?, ¿de qué manera?

De una u otra forma sí. El hecho de que la universidad forme talento humano, en el campo de la economía y la administración, y que nuestros egresados se desempeñen como gerentes, directores de empresas, allí se advierte un impacto. Sin embargo, el reto está en forjar más emprendedores, de todas las facultades: ingeniería, salud, educación, ciencias sociales. La idea es que la universidad tiene que conectarse más a su entorno, y eso lo puede hacer cuando tiene egresados con capacidad de hacer cosas diferentes a favor de la sociedad misma. Esto implica también incluir nuevas temáticas en nuestras estructuras curriculares. Por ejemplo, aquí hemos logrado que cuatro facultades adopten el emprendimiento como opción de grado; eso ya es un avance. Pero también es importante que los programas académicos incluyan en sus estructuras de formación el tema del emprendimiento.

Usted ha escrito varios libros. Según me han informado, el más exitoso fue “Formulación y Evaluación de Proyectos, un Enfoque Emprendedor”, ¿por qué lo es?

Ese libro nació de una invitación que me hicieron hace como 24 años, a dictar una charla a campesinos, en Santamaría (Huila). Recuerdo que elaboré 5 páginas. Llegué a las 7:00 a.m., hablé con el cura y este me llevó al salón del encuentro; había un grupo de 35 campesinos sentaditos esperándome. Yo ni desayuné… empezamos a hablar sobre lo que era un proyecto, su elaboración… les entregué las 5 páginas y las 2 p.m. les dije que ya merecíamos almorzar… entonces se paró uno de ellos y me pidió un favor… “¿qué necesita?”, le  dije, “que usted, hoy, se sacrifique con nosotros y siga de largo con la clase”, me dijo “porque la chiva, el mixto, se va a las cuatro y media y ¡cuándo nos volvemos a ver!”. De regreso a Neiva nació la idea. Me impactó mucho la actitud, el deseo de la gente del campo por aprender. Me puse la meta de escribir un libro que le sirviera a mucha gente en Colombia. Al día siguiente empecé a organizar unas preguntas: qué es un proyecto, cómo se hace, qué elementos lo componen, cómo se financia; duré año y medio respondiendo esas preguntas, desde mi experiencia, y lo fui puliendo hasta que a los dos años salió la primera edición. Actualmente vamos en la novena. Cerca de 38 mil ejemplares se han distribuido por toda Colombia desde entonces.

Los programas de la Facultad de economía son de los más antiguos de la Universidad. Aún con este referente académico, ¿por qué será que el Huila es un departamento sin solidez empresarial e industrial?

Hay varias razones… una, es que el Huila, luego de la guerra de los mil días, fue marginado por muchos años… la conexión que había entre la Plata/Neiva/Bogotá perdió fuerza cuando se construyó la vía por Manizales/Ibagué; tuvimos ferrocarril y este se acabó. Hubo un retraso en relación a la dinámica que había. El Huila es un departamento que tiene muchas potencialidades, pero quizás el principal reto que tiene es transformar las formas de pensar. Tenemos que promover más el trabajo colaborativo. Hay dos elementos que  frenan la dinámica económica  y social del Huila: la falta de visión de nuestra clase dirigente y la pobreza en el liderazgo, el cual se da para beneficio personal y no para la sociedad en su conjunto. Raramente uno escucho a un gobernante dar línea sobre la ruta que debe orientar el desarrollo de la región; en eso, yo diría que la Universidad está en deuda.

¿Sigue la deuda de la Universidad con su entorno social?

Yo diría que perdura la necesidad de articular más la institucionalidad: el sector productivo, la academia y el Estado. Todos ellos deben contribuir en la construcción de lo que llamamos un ecosistema del emprendimiento y la innovación; de igual forma, es importante que en este ecosistema se teja un lenguaje común en torno a los proyectos de emprendimiento que se desarrollen en la ciudad, tanto así que esto repercuta en la construcción de imaginarios colectivos en torno al ecosistema mencionado.

¿Cómo se logra ese lenguaje común colectivo?

A través de capacitación, actualización, formación. Si en pregrado logras que la gente maneje estos conceptos, tienes lo básico; y si además la universidad ofrece cursos abiertos para pequeños empresarios que no son profesionales, les enseñamos el lenguaje; hasta que, colectivamente, se vuelve algo común.

Ese lenguaje, en términos de productividad…

Aporta una mentalidad, disposición, compromiso, una actitud frente a la vida, genera identidad regional. Eso lo he visto en Manizales. Allá he visto convocatorias donde todo el mundo acude, la gente participa masivamente, tanto universitarios como empíricos; uno ve muchos tipos de emprendimiento, y eso dice mucho de la dinámica económica que se genera en la ciudad.

Con qué imaginarios entran los estudiantes de empresas en torno a su formación… ¿hay correlación entre estos y la realidad que advierten al salir de la universidad?

Hay una realidad que no podemos negar: el sector educativo, en general, va limitando la creatividad, desde la niñez. Un niño es creativo, hace preguntas diferentes: papi, ¿por qué no se cae la luna? Entonces el sistema educativo condiciona y va limitando porque se inclina mucho hacia la memorización y se olvida mucho de la creatividad. Nos llegan estudiantes de empresas, economía, contaduría… llegan a la universidad con gran expectativa, pero a veces los procesos internos de la Institución hace que se pierda cierta motivación…

Qué consejo le da a las nuevas generaciones que quieran emprender proyectos o impactar en su región

Que estudie con pasión la carrera que eligió y aprenda a usar mejor el tiempo. Hay que ir más allá de lo que transmite un docente, leer más (cultivar el amor por la lectura, lo cual también es trabajo del docente); y no olvidar que uno se prepara también para ser feliz… la idea es disfrutar mucho la vida universitaria; esto se da si uno hace cosas complementarias: participar en semilleros de investigación, hacer parte de grupos artísticos, deportivos, ser consciente que el paso por la universidad es efímero pero hay que disfrutarlo al máximo.

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